“Mientras vivamos, seguiremos reclamando justicia”

“Mientras vivamos, seguiremos reclamando justicia”

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos admitió el caso Marcela Brenda Iglesias, la nena de seis años aplastada fatalmente por una escultura ilegal en 1996 en la Ciudad de Buenos Aires, el ex Paseo de la Infanta de Palermo.

por Lucio Casarini

Nora y Eduardo Iglesias, los padres de Marcela, la nena de seis años aplastada fatalmente por una escultura ilegal en 1996 en la Ciudad de Buenos Aires, recibieron respuesta positiva de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y se ilusionan con la posibilidad de que el expediente llegue a la siguiente instancia, la Corte Interamericana.

La causa fue declarada “carente de trascendencia” en 2007 por la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina.

Este es el diálogo de Nora Iglesias con Diego Corbalán en el programa Ventana Abierta, que este conduce en FM Milenium.

Diego Corbalán: La noticia nos lleva a 22 años atrás y recordarán ustedes aquel episodio que fue ciertamente dramático para la familia de la chiquita de seis años que murió como consecuencia de las gravísimas heridas que le ocasionó la caída de una escultura en el Paseo de la Infanta, en Palermo; ¿recuerdan ustedes? Estamos hablando de Marcela Iglesias. Aquella jornada fue un día de tragedia que no terminó allí, más allá del dolor por la pérdida de Marcela. Sus papás comenzaron a dar una larga batalla en la Justicia, como suele suceder en la Argentina ¿no? Una larga batalla que tuvo un final que para muchos fue así como un punto seguido y no punto aparte. Y justamente lo fue para ellos [los padres], porque años después, la Corte Suprema de Justicia decidía cerrar el caso. Y ellos avisaron en su momento que irían a instancias judiciales regionales, como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, organismo que pertenece a la OEA, para lograr la justicia que se les negó en la República Argentina. Y finalmente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos decidió declarar admisible el expediente presentado en su momento por Nora y Eduardo Iglesias, los papás de Marcela, para que el caso sea sometido a evaluación por parte de la Comisión y eventualmente que haya una definición por parte de la Corte Interamericana, algo que pasó por ejemplo en casos como el de Walter Bulacio, se acuerdan ustedes, aquel chico que en el año 1991 murió a manos de la Policía [de la Ciudad de Buenos Aires].

DC: Nora, es un caso que volvió a escena, para ustedes por suerte, porque todavía no hay justicia por la muerte de Marcela.

Nora Iglesias: El día 5 de febrero de 1996, Marcela paseaba por el ex Paseo de la Infanta y había un montón de esculturas colocadas en la vereda dentro del Parque Tres de Febrero. Iba con dos compañeras, Antonella Zazzarino y Lucía Acosta Ryan [ambas recibieron heridas leves], y al pasar por ahí se les cayó una escultura de 270 kilos y le causó la muerte. O sea, no le quedó ni un solo hueso sano. A nosotros nos dieron una nena muerta y después de reclamar justicia durante muchos años, no logramos nada. Como que la corrupción mata y la impunidad tapa. Entonces decidimos ir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos [Pero antes] el juez Luis Alberto Schlegel guardó la causa nueve meses en un cajón. Después, la jueza María Susana Nocetti de Angelleri admitió 117 apelaciones y recusaciones. Cada vez que nosotros íbamos nos decía: “Bueno, la Justicia es lenta, no es como usted quiere” Para nosotros la duda y para ellos [los responsables de la tragedia] todos los beneficios, Entonces, cuando pensamos que las instancias superiores iban a corregir todo esto mal hecho, no fue así. Cuando el caso llegó a la Corte Suprema, el doctor [Eugenio Raúl] Zaffaroni puso [en su fallo] que la muerte de Marcela era insustancial y carente de trascendencia, como que no era importante hacer un juicio por Marcela.

La causa por la muerte de Marcela Iglesias se inició con los cargos de homicidio culposo y lesiones culposas contra el escultor Danilo Danziger y la dueña de la galería que tenía esa obra en exhibición, Diana Lía González de Lowenstein.

Además, estuvieron imputados funcionarios de la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires: Jorge Domínguez era el intendente; [los funcionarios procesados fueron] Héctor Torea, Antonio Mazzitelli, Juan Carlos Favale y Marcos Pasinatto (posteriormente desvinculado).

Años después, sobrevino la sanción de la ley 25.990, que redujo los tiempos de prescripción. Con el posterior fallo de la Corte Suprema que declaró prescrita la causa, la familia de Marcela Iglesias debió recurrir a la CIDH.

NI: En la Corte el único que nos votó a favor fue el doctor [Ricardo Luis] Lorenzetti y después los otros directamente firmaron [por la prescripción, en el año 2007].

DC: Te pregunto por lo más personal ahora. ¿Qué pasó por ustedes en cada una de estas instancias? Es decir, primero buscando justicia aquí, luego con ese punto aparte que fue la decisión de la Corte, la decisión de ir a la justicia interamericana…

NI: Nosotros siempre teníamos esperanza de que en algún momento se llegara a un juicio, que todos estos responsables se sentaran en el banquillo de los acusados y explicaran por qué colocaron unas esculturas en un lugar público sin control, sin verificación, todo en contravención, no tenían permiso, autorización, nada… Es frustrante, porque uno desea por lo menos algo de justicia. Para nosotros nada, para ellos todo. Entonces decidimos [seguir reclamando], porque somos perseverantes. Siempre que miramos la foto de Marcela: ella está en una hamaca tomada de las cadenas. Nosotros decimos que con la mirada nos marca ese camino para seguir y la sonrisa nos gratifica. Lo hacemos por ella, pero también por un montón de otros chicos que vienen detrás muriendo en forma injusta. Ahora, después de unos años, que hayamos recibido la nota de que fue admitida en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos [nos ilusiona]; nosotros tenemos la idea de que siga esto y que podamos ir a la Corte Interamericana, en Costa Rica, y que se reabra el caso.

DC: El faro es el caso Walter Bulacio, ¿no?

NI: Sí, porque [su caso] tenía involucrados funcionarios de la Policía y nosotros tenemos funcionarios de la Municipalidad. A nosotros el Estado argentino, digamos, [en nuestro caso] no le dio derecho a la vida, tampoco justicia; cada uno se defiende como puede; es incomprensible que muera una nena con todos los huesos rotos y a uno le dicen; acá no pasó nada.

DC: La admisibilidad (de casos por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanas) es baja, o sea que cobra más dimensión todavía que se haya aceptado el caso de Marcela.

NI: Sí, en realidad para nosotros fue una alegría y sorpresa, habían pasado muchos años, sabíamos que lleva muchos años, porque van de todos los países americanos. Pero nosotros dijimos: mientras vivamos vamos a luchar para tener un poco de justicia y que si ella [Marcela] nos ve desde donde esté, que vea que sus papás [siguen reclamando] y la sociedad en general. Todos se preguntan por qué por Marcela no hubo justicia si se conocían todos los culpables y todo; es como que uno no deja de pelear.

Muchas fueron las manos que fueron ayudando a la familia Iglesias, en este recorrido de 22 años en búsqueda de justicia.

Unas de ellas fue la Asociación Civil Madres del Dolor, “que es un grupo de contención. Cuando uno llega uno se siente contenido y con afecto, eso es lo que más brindan, todo ese compromiso que después uno asume para poder ayudar a los demás”, reflexiona Nora.

También recibieron el gesto de la Asociación de Amigos del Lago de Palermo, que presentó el proyecto y se le puso el nombre de Marcela Brenda Iglesias a todo ese predio que fue escenario de la tragedia, en 1996.

DC: Nora, ¿de dónde sacaste la fuerza todos estos años?; junto a tu esposo [Eduardo], hay que decirlo, porque vienen trabajando en la cuestión como dos profesionales de las leyes, codo a codo…

NI: Sí, cuando alguno de los dos flaquea, el otro, digamos, nos vamos apoyando uno a otro, y después, tengo una familia muy contenedora, todas mis hermanas, sobrinos, todos, siempre están pendientes de lo que hay que hacer por Marcela. Nosotros eso esperamos; mientras vivamos vamos a seguir reclamando justicia.

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