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Silvia Irigaray: “Lograr poco o mucho no importa, el mensaje va a llegar siempre”

Silvia Irigaray: “Lograr poco o mucho no importa, el mensaje va a llegar siempre”

Después del crimen de su hijo Maxi, se unió a otras ciudadanas para fundar la Asociación Civil Madres del Dolor. Se considera una “hormiga viajera” que promueve causas solidarias como la donación de órganos.

por Lucio Casarini

“Me desperté a las seis de la mañana y escuché la noticia de la nena secuestrada; era justamente en mi barrio, Floresta, que había desaparecido; me puse unas zapatillas y me fui porque dije: tengo que estar ahí”.

Así se involucró Silvia Irigaray en el caso de Camila, de ocho años, que fue raptada y violada por un albañil hace algunos días en la ciudad de Buenos Aires. El agresor estaba haciendo reparaciones en el conventillo en el que vivían la chiquita y su madre.

“Después, a la tarde, realmente me sentí muy mal, me sentí ahogada”, dijo Silvia sobre el momento en que se difundió el diagnóstico de la niña, que había sido rescatada. “Pobre criatura, que no se pudo hacer nada, y esa bestia, que hizo lo que hizo”, continuó. “Pocas veces me pasa de tener una víctima que está viva, todos los que llegan a nosotros ya pasaron por la muerte, o porque los atropelló un auto o por lo que sea”.

Silvia Irigaray, cofundadora y presidenta de la Asociación Civil Madres del Dolor (madresdeldolor.org), dio testimonio en el Tercer Foro de Trasplante de Órganos del Instituto Universitario CEMIC (cemic.edu.ar), realizado el 15 de agosto en el Salón del Club Sirio Libanés de la Capital Federal.

“Me he convertido en una hormiga muy viajera, voy hablando un poquito de la muerte pero mucho de la vida”, resumió sobre el camino que eligió tras el asesinato de su hijo Maximiliano Tasca por un policía. En el momento de la tragedia, ocurrida en 2001, Silvia donó espontáneamente los órganos del que había dado a luz. Recientemente se convirtió en autora del primer protocolo argentino de actuación policial para el transplante de quienes padecen muertes traumáticas.

“Hace muchos años atrás, en 1988, me había tocado pasar por un problema de salud que no terminó en nada grave; pero bueno, a mi familia, a mi marido y a mis hijos, les dije: si algo sano queda de mí, por favor quiero ayudar a otras personas; mis hijos, que en ese momento tenían 12 años Pablo y 11 Maxi, me dijeron: ¿que es eso?”, contó. “Bien no sé por qué lo dije, pero creo que todo uno lo hace o lo dice por algo, y bueno, me salvé, seguí viviendo y nunca más se tocó el tema en casa”.

“Cuando Maxi, mi hijo, el menor, fue a sacar su documento, a los 18 años, llegó a casa y me dijo: bueno, me tenés que dar un abrazo porque tengo una sorpresa, una noticia por la que vas a estar orgullosa de mí; y me mostró; en ese momento era el DNI verde, la libretita verde; y me dijo: mirá, soy donante de órganos”.

“Hola, Ma”

“Pasaron unos años cuando Maxi, ya con 25 años, con una hermosa vida, una vida de buen chico, sano, deportista, se acababa de recibir de una carrera realmente linda, que él había elegido, una licenciatura en Relaciones Internacionales, así que en la familia estábamos súper orgullosos”, continuó Silvia.

“En ese tiempo, a fines de 2001, la Argentina se caía a pedazos, estaba en ebullición, y un presidente, Fernando de la Rúa, no tuvo mejor idea que decir: reprimir va a ser la solución; le dio la indicación a la policía, que había que tranquilizar el país y había que matar; yo vivo en el barrio de Floresta y a Floresta también llegó la muerte.

“Mi hijo con amigos estaban sentados, simplemente mirando las noticias en una estación de servicio y opinaron sobre esa represión; mi hijo y los amigos no habían hecho nada malo; en el lugar había un policía; no le gustaron las palabras de Maxi y en vez de utilizar la palabra, que es lo que yo estoy haciendo ahora por la vida todos los días, sacó el arma y utilizó las balas para callar a esos jóvenes, que ni siquiera estaban armados; Maxi ni siquiera pudo darse vuelta para ver quién era.

“Cuando llegué al lugar me pasó algo muy raro, muy especial, yo digo que Diosito no los ayudó a los chicos porque estaba en otro lugar en ese momento, pero sí me ayudó a mí, primero a respetar el pedido de Maxi de unos años antes, de ayudar a otras personas con lo que se podía.

“Me crucé a mi casa, fui a buscar el DNI, la libretita verde, busqué el teléfono, llamé al Incucai y dije que por favor me ayudaran a cumplir lo que quería mi hijo.

“Me pude ir recuperando; pero la verdad es que me llevó muchísimo tiempo; yo miraba la puerta y esperaba escuchar ese: hola, Ma; y decirle: hola, Hi.

“Para mí fue sanador, me agarré mucho de eso de poder ayudar a otras personas; como donar los órganos, que es un gesto totalmente altruista; a cambio conseguí paz, que me hizo terriblemente bien”.
“También siento que todo lo que hacemos está bien pero es poco; aunque poco o mucho no importa, el mensaje va a llegar siempre”.

“Acompañar a otras personas que han dado este paso o a las que están esperando me conecta con la vida, porque con el dolor estoy conectada todos los días con las Madres del Dolor; de domingo a domingo; la muerte, los hechos graves, no tienen horario de oficina, nosotras estamos las 24 horas del día, de verdad, todo el año”.

La Ley Justina

El médico sudafricano Christiaan Barnard se volvió famoso en 1967 al realizar el primer trasplante de corazón. El órgano fue extraído de una joven que había fallecido en un hecho de tránsito. Aunque el receptor, un hombre de 54 años, tuvo una fugaz sobrevida, pues murió 18 días más tarde de neumonía, el logro promovió la implantación de todo tipo a nivel internacional.

España es el país líder del rubro, con 47 donantes cada millón de pobladores, según la Organización Mundial de la Salud. La ley ibérica establece que todos los adultos son susceptibles de dar sus órganos salvo que en vida expresen lo contrario. El único reparo es la obligación de consultar a la familia.

Uruguay es el líder latinoamericano, con 17 donantes cada millón. La norma del vecino rioplatense es similar a la española.

La Argentina, que registra 13 donantes cada millón de pobladores, un 7% de los ciudadanos, acaba de aprobar la Ley de Trasplante de Órganos, Tejidos y Células, bautizada Ley Justina en honor a una niña de 12 años que murió en 2017 esperando un corazón.

La disposición, coherente con la tendencia internacional, dice que todos los mayores son donantes salvo que se opongan en vida. Pero prescinde de la consulta a los parientes. Se basa en tres pilares: desmitificar, simplificar y liberar a las familias de decidir en el momento trágico.

“Cada uno es dueño de su propio cuerpo; mientras estamos con vida, podemos decidir; y si no queremos donar, también podemos expresarlo en vida”, dijo Ezequiel Lo Cane, el papá de Justina, al diario Clarín.
“Los que hemos perdido un hijo solemos hablar en presente”, dijo Pablo Kosiner, diputado peronista salteño, durante el debate parlamentario de la norma. “Esta ley podría denominarse también ley Juan Pablo; perdí a Juan Pablo [de 16 años] en 2011 esperando en el Hospital Italiano un trasplante; nunca imaginé que las circunstancias de la vida me iban a llevar a esta situación; el desafío de esta ley es la presunción de donación; podría estar ahí y compartir asiento con Graciela, mi mujer, junto a Paola y Ezequiel”, dijo señalando el palco, donde estaban su esposa y los padres de Justina.

Entre seis y siete argentinos mueren cada día esperando algún órgano. La lista de los que requieren un transplante urgente suele rondar las 8 mil. La enorme mayoría necesita un riñón.

Pájaros carpinteros

“Si como Madre del Dolor veo que en hechos de tránsito y en diferentes formas traumáticas mueren hasta 25 personas por día, no puedo entender porque el número es tan bajo en transplantes, entonces creo que va a seguir siendo mi tarea”, se empeñó Silvia Irigaray en el Tercer Foro de Trasplante de Órganos.

“Ahí vino la segunda parte terrible”, agregó acerca del instante en que decidió donar los órganos de su hijo Maxi. “Porque el policía que nos recibió en la Comisaría 43 de Floresta levantó los hombros y respondió: vengan mañana; casi diciendo: no molesten; la procuradora del Incucai cerro su puño, golpeó el escritorio y dijo: ella tiene el hijo a pocos metros muerto por alguien uniformado como usted, quiere ayudar a otros y usted le dice que vuelva mañana; la reacción de ese policía fue levantar los hombros y decir: perdón, es que yo no se qué hacer.

“El asesino fue el primer policía federal que tuvo perpetua; para mí eso fue un alivio que me ayudó a calmar mi dolor, pero después tenía una tarea pendiente, tenía que lograr que nunca más digan que no saben qué hacer; esto no fue fácil; pasaron muchos años, con la ayuda de un juez de Lomas de Zamora, Gabriel Vitale, logré el primer protocolo de actuación para las fuerzas policiales en muertes traumáticas
“Todavía ninguna parte del país lo copió, o sea que sigue siendo el único protocolo, y yo quisiera que esto no fuera así.

“Estuve reunida con el presidente de la Nación [Mauricio Macri]; como Madres del Dolor nos han recibido todos los presidentes; hasta ahora vamos tres que conocemos; le puse el protocolo sobre la mesa y le dije: señor, usted tiene la posibilidad de que esto corra, que puedan hacerlo en las provincias; aca estamos, la verdad.

“Seguiré siendo la hormiga que lo va llevando [el protocolo] a todos lados, la semana que viene voy a Ushuaia, me invitaron de allá.

“He conocido a tantas personas, desde niños hasta adultos, que tienen un órgano de alguien que fue un héroe; yo creo que Maxi es un héroe, pero hay miles de héroes.

“Sobre todas las cosas lo hago por Maxi, porque él se registró como donante y eso tiene un valor enorme.
“También tiene valor cuando los familiares deciden, como pasó hace unos días con los papás de Lourdes [Espíndola], la policía [bonaerense] que asesinaron; los médicos les dijeron: ¿desean donar?; y la mamá, Silvana, me contó que le dijo a Juan, el padre: bueno, viejo, vamos a hacerlo.

“Hoy me levanté hablándole a Maxi; dije: Maxi, vamos, porque tenemos una jornada muy importante, vamos a hablar de la vida.

“Me gusta homenajear los 25 años de vida de Maxi; trato de no quedarme con la tragedia; cuento el hecho puntual porque hay que saberlo; porque, si no, por ahí van a decir: esta mujer de dónde salió.
“Podemos hacer mucho, mucho, mucho, más; tenemos que ser como pájaros carpinteros y darle y no cansarnos”.

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