Reino Unido: “¡Ey, profesores, dejen a esos chicos en paz!”

Reino Unido: “¡Ey, profesores, dejen a esos chicos en paz!”

Los castigos corporales en las escuelas, que fueron célebres, están completamente prohibidos. Sin embargo, hay otras maneras de ejercer la violencia sobre los alumnos.

por Lucio Casarini

“Cuando tenía diez años me mudé; y la razón es que perdí a un amigo con un cuchillo…; porque Londres…; pandillas; en Londres tenés que tener un poco de actitud y me estaba involucrando en cosas que no debía estar involucrado; estaba con algunos de dieciocho años o dieciséis años y yo tenía diez; y no debía…; mi papá quería mudarse; mi madre quería vivir en otro lugar por mi seguridad; no me querían ahí”.

Este testimonio aparece en el informe Las voces de los chicos (Children’s Voices), una investigación reciente de la Oficina del Comisionado para la Infancia del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte (childrenscommissioner.gov.uk) acerca de los adolescentes expulsados del sistema escolar.

La Oficina es una organización estatal independiente creada en 2004 para representar a los niños y los jóvenes, promover sus necesidades y lograr que estas sean incluidas en la agenda política; funciona acorde con la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

“Mi padre ha sido arrestado y eso, así que es difícil…; lo arrestaron por algo relacionado con la droga; está en prisión por vender droga; así que él está ahí por ahora; pero espero que salga, así que…; pero estoy molesto porque no sé cuánto tiempo va a tardar; él me dice que podrían pasar entre cinco y veinte años y que, bueno, va a ser muy largo; va a ser realmente difícil sin él; eso también me está presionando mucho y eso; porque me molesta, y lo pienso y me molesta”, dice otro de los entrevistados.

“Mi madre es un poco, era un poco depresiva; ella siente que no puede hacer nada; la madre de mi madre estuvo deprimida durante años…; ella acaba de salir del hospital”, dice un testimonio suplementario.

Experiencias por el estilo suelen condicionar la evolución personal; especialmente en los más jóvenes; a veces contestan mal o desobedecen a los mayores o enfrentan a sus pares. Ante esas situaciones, los sistemas educativos a lo largo de la historia han recurrido con frecuencia a los castigos corporales. Quizás el método más común ha sido el de los azotes con distintos instrumentos: correas, calzados, paletas de madera, varas o bastones.

El Parlamento Británico prohibió esta y otras aberraciones similares gradualmente en las últimas décadas; ocurrió tras un acalorado debate ciudadano durante buena parte del siglo XX; la restricción fue aplicada primero en las escuelas con financiamiento estatal —en 1986— y luego en todas las entidades académicas —en 1998 en Inglaterra y Gales, en 2000 en Escocia y en 2003 en Irlanda del Norte—. Sin embargo, hay otras maneras de ejercer la violencia sobre los alumnos.

“Hubo algunos profesores que, básicamente, me provocaban; solo querían verme enojado”, dice uno de los adolescentes indagados. “¿Sabés lo que se siente?; no era que él te agarrara en un error; él salía a buscar algo que estuviera mal; ¿entendés lo que quiero decir?; salía a buscar un conflicto”, dice otra voz, asimismo respecto de un maestro.

“Nunca te dejan explicar, solo te atacan”, agrega un nuevo chico. “Creo que fue como: no nos gusta esta persona, por lo que realmente no lo queremos, por lo que no vamos a tratarlo tan bien como tratamos a otros”, comenta alguien más. “Me hizo quedarme solo; cuando dejaba que todos se sentaran cerca de sus amigos; y simplemente me sentí excluido”, dice otro testimonio, también sobre un docente.

Roger Waters, el cantante de rock inglés, tuvo igualmente vivencias traumáticas en la escuela; fue en la década de 1950, cuando los castigos corporales eran comunes. Su famosa canción Otro ladrillo en la pared, que publicó en 1979 como miembro de la banda Pink Floyd, es un himno de protesta contra la violencia sobre los alumnos:

No necesitamos ninguna educación / No necesitamos que controlen nuestra mente / Ni sarcasmo oscuro en el aula / Profesores, dejen a esos chicos en paz / ¡Ey, profesores, dejen a esos chicos en paz! / Al final, es solo otro ladrillo en la pared / Al final, vos sos solo otro ladrillo en la pared”.

(“We don’t need no education / We don’t need no thought control / No dark sarcasm in the classroom / Teachers leave them kids alone / Hey! Teachers! Leave them kids alone! / All in all it’s just another brick in the wall. / All in all you’re just another brick in the wall”).

No a la vara

Polonia fue el primer país del mundo en prohibir oficialmente los castigos corporales en las escuelas. Lo hizo en 1783. Actualmente, normas similares rigen en la mayoría de las naciones; por ejemplo, en la Argentina, que abolió los azotes en 1813, luego dio marcha atrás y finalmente, en 2015, con la reforma del Código Civil, confirmó expresamente la restricción.

Algunos distritos de Estados Unidos y Australia, además de múltiples países de Asia y África, todavía consideran legal flagelar a los escolares.

“Él no te gritaba, no te echaba, te daba una segunda oportunidad cuando hacías algo mal; es un muy buen profesor; y aprendimos mucho más; sí, estaba disfrutando sus clases; también tenían algo de sentido del humor; son profesores que se preocupan por los alumnos, que saben que los alumnos necesitan educación para tener una vida mejor”, dice otro de los jóvenes a la Oficina del Comisionado para la Infancia, respecto de un docente contrario a la coacción física o psicológica.

“Ellos no gritan; solo nos dicen que nos tranquilicemos y eso, mientras que otros profesores simplemente nos gritan”, compara un nuevo testimonio, que se refiere a su experiencia posterior a ser expulsado de la escuela, con instructores de una entidad alternativa, centrada en el aprendizaje de oficios.

“Si es ese tipo de profesor, entonces simplemente me sentaría en el aula y haría lo que sea que me digan que haga, porque los respetaría más; si me gusta el profesor, me siento y hago mis deberes”, agrega otro chico. “Ellos te alientan y siempre te dicen que podés hacer las cosas”, dice el siguiente. “Los profesores lo hacen una experiencia divertida, para que te diviertas y leas; ni siquiera sabés que estás haciendo mucho trabajo”, recuerda otro adolescente, en igual marco.

En el Reino Unido, el debate sobre los castigos corporales en las escuelas fue álgido, sobre todo después de que la Unión Soviética adhiriera a la prohibición en 1917. Oponerse a las penas físicas sobre los alumnos súbditos de la Corona Británica implicaba el riesgo de ser considerado revolucionario, bolchevique, anarquista, terrorista, subversivo o traidor. El momento más tenso de la controversia fue en 1972, cuando diez mil adolescentes se declararon en huelga educativa y marcharon por el centro de Londres con pancartas que decían: No a la vara.

En el presente, numerosos chicos expulsados del sistema académico tradicional tienen experiencias positivas en las instituciones de adaptación. “Te hacen burla en esa escuela, pero acá no; en esa escuela, si no te vestís bien o si sos diferente, se ríen de vos; quieren que te vistas como ellos; es difícil estar en la escuela, porque te pueden cargar si sos diferente; pero acá no, te aceptan como sos y como te vestís”, compara un chico.

La Iniciativa global para Acabar contra todo Castigo Corporal sobre los Niños (endcorporalpunishment.org) calcula que hoy por hoy 128 países prohíben la flagelación en las escuelas y 69 la permiten. La entidad fue creada en 2001; tiene sede central en Ginebra, Suiza; al igual que la Oficina del Comisionado para la Infancia del Reino Unido, adhiere a la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño.

“Ellos [los profesores] pudieron ayudarme más, evitar que los demás me acosaran, pero no lo hicieron, y los compañeros me molestaban constantemente…; era una reacción en cadena; los chicos me molestaban y básicamente actué por mano propia; y a los profesores no les gustó eso, y me suspendieron; podían sentarme y hablar conmigo; pero nunca lo hicieron; y después no les gustó lo que pasó…”, dice otro de los entrevistados.

“Había un par de personas que me cargaban; siempre fui molestado por mi peso, mi apariencia”, dice un nuevo testimonio. “Sentía que era diferente de otros chicos; ellos realmente tenían ciertos modales; yo no tenía buenos modales; yo era bocón y me metía en peleas todos los días”, reconoce el siguiente.

“Quiero que me den una oportunidad más y regresar a la escuela”, se ilusiona otro de los indagados en el informe Las voces de los chicos. “Si vuelvo ahora, sería perfecto, no haría nada malo, porque quiero recuperar mi educación…; me he perdido tanto, me he perdido un año y medio [tiempo transcurrido desde la expulsión escolar], así que obviamente me he perdido mucho; quiero ponerme al día; quiero darme otra oportunidad a mí mismo”.

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