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Mensajeros de la Paz Argentina: “La actitud y la aptitud suman, el equipo multiplica”

Mensajeros de la Paz Argentina: “La actitud y la aptitud suman, el equipo multiplica”

“Está volviendo la demanda de necesidades básicas”, advierte la organización humanitaria. La entidad madre, con sede en Madrid, trabaja en las regiones más críticas del mundo.

“En algunas zonas las casas son palos y chapas, todas sin agua corriente, sin baño”, dice Sonia de la Torre, coordinadora de Integración Social a través del Arte de Mensajeros de la Paz Argentina. “Son tierras tomadas, cuando llueve se inunda y es un desastre, para los chicos es difícil ir a la escuela”, continúa esta vasca de San Sebastián que llegó hace cuatro años como voluntaria; se refiere a un asentamiento de emergencia de Longchamps, partido bonaerense de Almirante Brown. “Nosotros tenemos que llevar botellones de agua potable para poder darles a los chicos”.

“Hay 15 mil familias, tienen una sola calle asfaltada, sin acceso a un centro de salud”, agrega Sonia, además licenciada en administración de empresas con experiencia en publicidad. “Para todo tienen que caminar largas distancias; encima los niños crecen en familias con problemas internos importantes”, explica.”Trabajamos con todas las disciplinas artísticas: teatro, cerámica, artes plásticas, música, danza latinoamericana”.

Mensajeros de la Paz es una organización humanitaria presente en buena parte del mundo, incluidas las regiones más críticas, con sede central en Madrid. Su objetivo es que todos accedan a los derechos básicos. Su prioridad está en los seres humanos más vulnerables, como los niños, los adolescentes, los adultos mayores y los discapacitados. Su radio de acción dentro de la Argentina, donde trabaja desde 2002, abarca la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.

En el nivel nacional, la organización funciona con 120 profesionales de distintas disciplinas, como psicólogos, trabajadores sociales y otros, y 250 voluntarios. Ese equipo asiste de forma directa a 1500 niños y adolescentes, y a 150 adultos mayores.

El personal se reparte en cuatro programas: Fortalecimiento Comunitario —que incluye las áreas mencionadas de Integración Social a través del Arte y Fortalecimiento Educativo, además de una iniciativa familiar y otra para discapacitados—, Protección y Restitución de Derechos —cuatro emprendimientos para niños y dos para adultos mayores—, Promoción y Difusión de Derechos —comunicación y eventos— y Liderazgo para el Cambio —coordinación de voluntarios locales a internacionales—.

El 80% del financiamiento proviene del Estado —nacional, porteño, bonaerense y municipal—. El resto de los fondos tienen su origen en donantes individuales, empresas y fundaciones, y la cooperación internacional, en ese orden.

“Obviamente, yo me meto ahí; si no me meto yo ¿a quien voy a mandar?”, dice Pilar Larrabure, coordinadora de Fortalecimiento Educativo. “Eso requiere sacarse los prejuicios y las barreras; es impresionante que exista tanta distancia con un mundo que puede estar a dos cuadras; uno descubre que es mucho más valioso ahí que en otros lugares y que el esfuerzo vale la pena”.

“Nuestro gran objetivo es mejorar la trayectoria educativa de los chicos”, agrega Pilar, que además es psicóloga y becaria de investigación de la UBA. “Trabajamos con edad primaria, de 6 a 14 años; llegan chicos de 11 o 12 que no saben leer; de nuestros seis centros, tres están en la Villa 31 [Capital Federal], uno en la Villa 1-11-14 [ídem] y dos en el partido de Tres de Febrero [Conurbano]”.

“Si gano la lotería”

“Hace 20 años ni soñaba con que esta iba a ser mi vida y hoy no la cambio por nada”, dice Darío Pompilio, director ejecutivo de Mensajeros de la Paz Argentina. “He hecho de todo en Mensajeros y desde hace seis años soy director ejecutivo”.

“En 2001 estaba con mi esposa Mariel en Inglaterra”, recuerda sobre sus inicios en el rubro. “Ella estaba haciendo un posgrado en salud en la Universidad de Londres; es médica; yo me había tomado un año sabático para acompañarla; yo había tenido emprendimientos propios y un fugaz paso por la administración pública; había estado ocho meses trabajando en la Municipalidad de Hurlingham, en la Secretaría de Acción Social, y me había gustado”.

“Después de cierto tiempo en Londres”, continúa, “le digo a mi señora: si un día me gano la lotería ya no me interesa dejar de trabajar o viajar por el mundo, ya viví eso, me pondría una fundación; crea uno en las casualidades o no, 15 días más tarde mi mejor amigo de la infancia me llamó para saber si yo pensaba volver a Buenos Aires porque se estaba fundando Mensajeros de la Paz Argentina; con mi esposa no lo dudamos y en septiembre de 2002, cuando todo el mundo se iba de la Argentina, volvimos; y desde ese momento estoy acá”.

“El conocimiento y la experiencia suman, la actitud y la aptitud suman, pero el trabajo en equipo multiplica”, sintetiza Darío Pompilio. “Soy un convencido de los equipos de trabajo, de los grupos; esta es una organización que nos trasciende; queremos generar equipos que permitan que Mensajeros no dependa de un solo liderazgo”.

“Agregando amor, abrazos y sonrisas, se puede empezar mucho mejor”, dice Graciela Gilona, coordinadora de hogares de niños.

“Quien llega se integra a una familia, consideramos el club de día como una familia”, dice Luis Velandia, trabajador social del Club de Día de adultos mayores, situado en el barrio porteño de Flores. Luis es colombiano de Bogotá; vino a la Argentina hace seis años para estudiar en la universidad y desde hace dos trabaja en Mensajeros de la Paz.

“Hacemos meditación dos veces a la semana”, sigue. “Tenemos dos personas especializadas que van los miércoles y los jueves; la hacemos a la mañana, una hora; es el complemento de las otras actividades, de las cuales algunas exigen algo físico; esto es más emocional, coloca la mente en calma, es integral”.

“La biblioteca está dentro de la casa en la que funciona el club”, dice Juan Carlos Gómez, residente y bibliotecario del mismo proyecto. “Tenemos talleres de yoga, de la memoria, que es muy importante, de conversación cognitiva, de baile, de danza, de meditación”.

“Trabajamos con una mirada hacia la vida”, dice Analía Chamorro, gerontóloga y referente del trabajo con los adultos mayores.

“La vejez no es algo negativo, sino algo para ocuparse; merece respeto, compromiso y preparación ocuparse de estas personas”.

“La mayor dificultad es el aislamiento”, agrega. “Cuando nadie ve como se siente una persona; ahí está el problema; yo puedo estar muy mal, pero si hay alguien conmigo es otra historia”.

“Sirve para algo”

Mensajeros de la Paz nació en 1962 por iniciativa del sacerdote español Ángel García Rodríguez, que estuvo de visita en la Argentina y que algunos consideran candidato al Premio Nobel de la Paz. La entidad empezó ayudando a niños ibéricos huérfanos y actualmente atiende diversos flagelos en 55 sitios de Europa, Asia, África y Latinoamérica.

“Tuve la suerte de ir el año pasado a Grecia para ver como se trabaja con los refugiados”, dice Darío Pompilo. “Mensajeros es la única organización humanitaria que estuvo 15 años ininterrumpidos en Irak; al padre Ángel lo motiva la emergencia o el desastre humanitario, va donde están las peores calamidades; durante años ha volado a Siria o Jordania y luego ha hecho mil kilometros por tierra para rescatar a los huérfanos de la guerra”.

“Este no es un buen año, está volviendo la demanda de necesidades básicas”, advierte sobre la Argentina. “Vos vas oscilando y adaptando tus programas y proyectos a lo que va necesitándose; a veces es promoción y desarrollo y poco asistencialismo; a veces al revés; vas haciendo un mix, tratando de ayudar a quienes más lo necesitan”.

“Hay situaciones cíclicas”, sigue Pompilio. “La peor crisis argentina fue en 2001 y 2002; todavía hay repercusiones de ese momento; desde entonces ha habido un corrimiento de la demanda; en un momento era vestir, curar y alimentar, y después ha sido trabajo, educación, mejor vivienda; pasás del asistencialismo a la promoción del desarrollo”.

“Me lleno de alegría, la paso muy bien”, dice Delia Vergara, residente del Hogar San José de adultos mayores, ubicado en Ciudadela, partido bonaerense de Tres de Febrero. “Tengo mi cocinera, Casimira; me hace unas comidas riquísimas; yo colaboro todos los días de lunes a viernes, atiendo el teléfono a la tarde, paso las llamadas”.

“Es un lugar paradisíaco en el sentido de naturaleza y de clima familiar”, dice Amalia Luna, asimismo residente del Hogar San José. “A pesar de que a veces como en toda familia hay diferencias, de ideología o lo que sea; pero igual se conserva el ambiente fraternal”.

“El trabajo que hago es muy gratificante, porque me permite ver directamente que tiene resultados, que sirve para algo”, dice Sonia de la Torre. “A mí trabajar con niños me encanta; ellos te dan todo; nosotros les acercamos posibilidades que están fuera de su alcance y el crecimiento que desarrollan es impresionante”.

“En el teatro se sienten visibilizados como personas”, agrega. “Hicimos una obra en torno a los derechos; trabajamos con distintos talleristas, un grupo interdisciplinario de artistas, psicólogos y trabajadores sociales; el que crea el guión es uno de los talleristas, que tiene experiencia con nosotros; pero en ocasiones el guión es hecho por el propio grupo; depende de las personas con las que estemos trabajando; por ejemplo, hicimos una obra que fue escrita por las chicas, las participantes; les preguntamos ¿qué quieren hacer? ¿qué les gustaría trabajar?”.

“Muchas veces digo: hoy quiero ir al centro”, dice Pilar Larrabure. “A mí me encanta enseñar, empezás con un chico por lo básico, tal vez no sabe ni sumar; le explicás como sumar por una cifra, ves que la persona entendió el concepto y eso es una satisfacción enorme”.

“Me gusta trabajar en Mensajeros de la Paz por múltiples motivos; para empezar por la labor en sí”, continúa. “Uno no hace un trabajo en el que cumple las horas y ya está, como en una oficina, sino que ve el efecto cotidiano en los chicos; eso me motiva y me llevó a aceptar el desafío de la coordinación, que insume un montón de energía; si hago toda mi gestión para que los chicos tengan su regalo del día del niño, a mí eso ya me deja contenta”.

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