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Italia: “El primer paso para derrotar a las mafias es admitir su presencia”

Italia: “El primer paso para derrotar a las mafias es admitir su presencia”

Hasta el 10% del producto bruto interno del país —uno de los siete más industrializados— proviene de las organizaciones criminales. El narcotráfico está entre los negocios clave.

“¿Me ve usted cara de tonto?; acá no hay democracia”, dice Giuseppe, un vecino de la ciudad de San Luca, en la provincia de Calabria.

El poblado de algo más de 4.000 habitantes, búnker histórico de la mafia, lleva una década sin celebrar elecciones libres para designar autoridades políticas.

Actualmente está en manos de un funcionario puesto por el gobierno central y la atmósfera de a poco parece volverse más afable. Por lo menos, el cartel de la entrada ya no está cosido a balazos.

Sin embargo, el paraje mantiene su mecanismo subrepticio para repeler a los extraños. Una moto con dos jóvenes hace guardia constantemente y da vueltas alrededor de cualquier forastero imprevisto hasta que el visitante se siente intimidado y decide marcharse.

“Como en otros ayuntamientos, víctima de las mafias, sería necesario un intenso trabajo de formación y reconstrucción del tejido civil”, reflexiona Rosy Bindi, expresidenta de la comisión antimafia del Parlamento Italiano, sobre San Luca.

La crónica con los testimonios de la mujer y el mencionado Giuseppe pertenece al diario El País de Madrid.

“La mafia es el problema principal de Italia”, dice el periodista especializado Matteo Forciniti a la agencia de noticias rusa Sputnik. “Entre el 6 y 10% del producto bruto interno del país proviene de actividades ilícitas de las organizaciones criminales”, continúa. “La mafia nunca está en crisis, siempre crece”.

La República Italiana, constituida principalmente por una península con forma de bota inyectada en el centro del Mar Mediterráneo, tiene 60 millones de habitantes y es privilegiada desde numerosos puntos de vista.

Integra el grupo de las siete naciones más industrializadas con Estados Unidos, Alemania, Japón, Francia, el Reino Unido y Canadá.

Simultáneamente, ocupa el puesto diez entre los máximos presupuestos militares, detrás de Estados Unidos, China, Rusia, el Reino Unido, Francia, Japón, Arabia Saudita, India y Alemania.

Además, tiene un acervo cultural formidable, que puede expresarse, por ejemplo, con los 51 patrimonios de la humanidad seleccionados por la Unesco (unesco.org) en su territorio, la mayor cifra para un país. La ciudad de Roma, capital política y sede del Vaticano, es un cúmulo de portentos.

El nombre Italia hace referencia a los ítalos, antiguos habitantes de la zona, cuyo gentilicio estaría ligado a la voz primitiva vítulus, que quiere decir ternero —quizás por la actividad ganadera—.

La palabra mafia significa miseria en toscano, el idioma romance —derivado del latín, la lengua de los romanos—, que antecedió al italiano.

Las principales organizaciones del presente que se identifican con el término son la Cosa Nostra —el grupo más poderoso, con centro en Palermo, provincia de Sicilia—, la Camorra —Nápoles, provincia de Campania—, la Ndranghetta —Catanzaro, provincia de Calabria: incluye la ciudad de San Luca— y la Sacra Corona Unita —Bari, provincia de Apulia—.

En el último siglo y pico, entre todas suman unos 6.000 homicidios, de acuerdo con los registros oficiales. Solo la Cosa Nostra habría cometido unos 5.000 de esos asesinatos.

“El imperio romano era una mafia”, dice Paul Veyne, historiador francés, en su libro Sexo y poder en Roma (2010), rastreando los orígenes del delito organizado en la península y sus alrededores.

“El derecho del más fuerte se ejercía sin límites; solo el clientelismo permitía la supervivencia de los débiles, pobres o pequeños; el fraude, la estafa, el robo y la violencia, incluyendo las violaciones, no eran considerados delitos criminales —penales— sino privados —civiles— y, al no existir la policía, cada ciudadano debía hacer justicia por mano propia”.

El tráfico de drogas y otras sustancias ilícitas, el lavado de dinero, la extorsión y la prostitución son algunos de los rubros que domina la mafia italiana en el presente. Como son estragos supranacionales, su sombra trasciende las fronteras del país, algo que es una tradición.

Al Capone y Lucky Luciano, dos estadounidenses de sangre itálica, adquirieron fama mundial en la primera mitad del siglo XX como líderes del hampa. Ambos fueron independientes de las bandas italianas, pero replicaron su formato.

“El primer paso para derrotar a las mafias es admitir su presencia”, dijo la citada Rosy Bindi durante una conferencia sobre crimen y política realizada en la ciudad de Seregno, provincia de Monza y Brianza, con cobertura del diario El Ciudadano (ilcittadinomb.it). “La población de Seregno no debería sentirse escandalizada cuando la mafia se le acerca; obviamente, no todos los residentes aquí son mafiosos y la ciudad tiene la fortaleza para reaccionar”.

“¡Demostremos coraje!”

Dante Alighieri, Francesco Petrarca y Giovanni Bocaccio, los mayores escritores italianos del siglo XIV, usaron el toscano, la lengua de la que proviene el vocablo mafia. El primero y el tercero nacieron en Florencia, capital de la actual provincia de Toscana y una ciudad de un patrimonio artístico y cultural maravillosos. Miguel Ángel Buonarroti, el genial escultor y pintor del siglo XVI, es asimismo florentino.

Esta herencia, que se remonta a los griegos y los romanos, se encarna en infinidad de otros nombres de toda Italia; por ejemplo, creadores como Leonardo da Vinci —contemporáneo de Miguel Ángel—, científicos como Galileo Galilei —siglo XVII—, músicos como Giuseppe Verdi o Giacomo Puccini —XIX y XX—, inventores como Alessandro Volta —XIX— y Guillermo Marconi —XX—, y cineastas como Luchino Visconti, Federico Fellini o Bernardo Bertolucci —ídem—.

“¿Los jóvenes y la mafia? Es un problema de cultura”, dijo Paolo Borsellino, juez asesinado por la Cosa Nostra en 1992. La referencia aparece en la página virtual del Proyecto Legalidad (progettolegalita.it), iniciativa civil que difunde los ideales del magistrado, principalmente en el ámbito educativo. “Como un conjunto de conocimientos que contribuyen al crecimiento de las personas y que nos hacen ciudadanos, aprendiendo aquellas nociones que nos ayudan a identificarnos con las instituciones fundamentales de la vida social y a reconocernos en ellas”.

Italia ocupa un territorio bicontinental que se extiende mayormente sobre Europa (99,97%), incluidas las islas de Sicilia y Cerdeña, y también sobre una mínima fracción de África (0,03%), constituida por las islas de Lampedusa, Lampione y Pantelaria. El Canal de Sicilia, que separa la isla homónima y la costa de Túnez, tiene 145 kilómetros de ancho, con Pantelaria en medio.

Esta circunstancia convierte la frontera italiana en uno de los atajos más accesibles hacia Europa. Desde 2015, con el incremento de los conflictos en Asia y África, el país ha recibido medio millón de exiliados. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (unhcr.org) la presente crisis humanitaria en todo el orbe es la mayor desde la Segunda Guerra Mundial.

Esa marea migratoria atemoriza a muchos italianos y fortalece las ideas ultranacionalistas y euroescépticas. El presidente Sergio Mattarella, que gobierna justamente desde 2015, es siciliano y representa al Partido Democrático, intenta contrarrestar ambas tendencias.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (iom.int), en lo que va de 2018 murieron alrededor de 1500 personas, muchos de ellos niños, intentando cruzar el Mediterráneo desde África en embarcaciones precarias. Desde 2015, la cifra ascendería a 15.000. Algunos reclaman mayor intervención italiana para evitar esas tragedias, tomando en cuenta las posibilidades del país y el colosal movimiento financiero que suponen tantos negocios controvertidos y hasta ilegales, como el narcotráfico.

“La cocaína para la mafia es un cajero”, dice Roberto Saviano, otro periodista italiano especializado, a La Sexta (lasexta.com), canal de televisión español. “Si yo invierto 1.000 dólares en cocaína, en un año me devuelven 182.000 dólares”. El reportero adquirió notoriedad internacional con su libro Gomorra (2010), que describe el imperio de la Camorra. Umberto Eco, el fallecido escritor, consideró a Saviano “un héroe nacional” por la valentía de sus relatos.

“El periodismo tiene un papel fundamental en la lucha contra la mafia”, dice Nino Di Matteo, fiscal de Palermo. Sus palabras fueron reproducidas por el diario The New York Times. “Creo que estamos subestimando un poco el peligro que la mafia representa para el país y para nuestra democracia”.

“Lo único que puede causar un cambio radical en Sicilia es la educación en la legalidad”, dice Alessandro Mancuso, cantautor, en la página virtual del Proyecto Legalidad. Su planteo es válido para cualquier contexto. “El futuro de nuestra tierra está en manos de los chicos; el compromiso de todos los sicilianos honestos debería ser enseñar a sus hijos el altruismo y el sentido cívico; ¡apretemos los dientes y demostremos coraje!”.

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