Chile: “Es parte de la justicia conocer la verdad de lo que pasó”

Chile: “Es parte de la justicia conocer la verdad de lo que pasó”

El pedido de perdón de la Iglesia Católica impulsa la investigación de los abusos sexuales cometidos por sus integrantes. El Estado también ha reconocido horrores de diversa índole.

“Pedimos perdón como sociedad a los más de 200.000 niños, niñas y adolescentes que aún trabajan en Chile”, dijo Nicolás Monckeberg, ministro nacional de Trabajo, en junio a través de Twitter. “A ellos les decimos que no descansaremos hasta que todos tengan una niñez sana y feliz”.

La declaración sintoniza con las palabras que había pronunciado el papa Francisco el mes anterior al recibir a tres víctimas emblemáticas de abusos sexuales de integrantes de la Iglesia chilena.

“Yo fui parte del problema, yo causé esto y pido perdón”, dijo el pontífice a los laicos Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo en el Vaticano; las frases fueron reproducidas por los visitantes en conferencia de prensa. “El abuso y el encubrimiento no son pecados, sino corrupción”, agregó el Papa a los afectados, que padecieron los atropellos mientras eran seminaristas.

Suman 266 las víctimas probadas de tropelías sexuales de miembros de la Iglesia local desde 2000, según la justicia chilena. La mayoría de esos damnificados, 178, fueron agredidos cuando eran niños o adolescentes. Hasta ahora son 43 los responsables de la institución condenados. Otros 158 están investigados. De estos, 74 son sacerdotes u obispos.

“Hemos fallado como país, por eso hoy quiero pedir perdón al pueblo mapuche”, dijo por su parte la presidenta Michelle Bachelet en 2017. “Por los errores y horrores que se han cometido o tolerado en nuestra relación con ellos y sus comunidades”.

“Está claro que desde la conformación de nuestra república, la identidad, la cultura, el territorio y los medios de vida del pueblo mapuche no fueron resguardados como correspondía”, continuó Bachelet. “Y que en más de un siglo y medio de historia nacional, dicho pueblo fue sometido a la invisibilidad y sus comunidades despreciadas y discriminadas”.

De los 17 millones de habitantes del país, un 13% se declara miembro de comunidades originarias o indígenas, de acuerdo con el último censo. Un 80% de esas personas se considera mapuche, un 7% aimara, un 4% diaguita, y el resto quechua, atacameño y kolla, entre otras etnias.

“En nombre de la nación entera, pido perdón a los familiares de las víctimas”, dijo a su vez el presidente Patricio Alwyn en 1991 sobre los crímenes de la dictadura de Augusto Pinochet, que rigió entre 1973 y 1990. “La verdad fue ocultada durante mucho tiempo; mientras unos la denunciaban, otros que sabían la negaban y quienes debieron investigarla no lo hicieron”.

“Nada justifica que se torture y ejecute a prisioneros, ni que se haga desaparecer sus restos”, agregó Alwyn. “Pido solemnemente a las fuerzas armadas y de orden y a todos los que hayan tenido participación en los excesos cometidos que hagan gestos de reconocimiento del dolor causado y colaboren para aminorarlo”.

La Comisión Valech, ente público encargado de indagar los desmanes del gobierno militar, estima en 40 mil los torturados y más de 3 mil los asesinados y desaparecidos. A estas cifras se suman miles de exiliados.

“Es parte de la justicia conocer la verdad de lo que pasó”, dijo Myrna Troncoso, hermana de una víctima de la Colonia Dignidad, en junio a la agencia EFE. “Si bien es cierto que ya nada se puede reparar a estas alturas de la vida, sí que puede traer tranquilidad a los familiares y permitirles hacer el proceso de duelo que no han hecho”.

La Colonia Dignidad fue un asentamiento fundado en Chile en 1961 por inmigrantes alemanes miembros de una secta. Durante más de cuatro décadas, hasta 2005, fue escenario de múltiples crímenes, como esclavitud, tortura, abuso sexual de menores, asesinato y desaparición de personas. La dictadura de Pinochet usó el predio como campo de concentración gracias a un acuerdo con los responsables. Ricardo Troncoso, hermano de Myrna y opositor del régimen militar, fue secuestrado y llevado a la colonia en 1974. Desde entonces se ignora su paradero.

“Comencemos por practicar la justicia”, dijo Alberto Hurtado, sacerdote chileno declarado santo por la Iglesia Católica; perteneció a la Compañía de Jesús, igual que el papa Francisco; dedicó su vida a los niños, los jóvenes, los pobres y los trabajadores. “Pues mientras no se ha cumplido la justicia no se puede pensar en caridad; dar a cada uno lo suyo; y no pensemos solo en dinero, sino antes que todo en amor”.

“Enmiéndalo tú”

Después de conquistar Perú, el corazón del Imperio Inca, los colonizadores españoles avanzaron en 1535 por tierra sobre Chile. Pedro de Valdivia fundó la ciudad de Santiago en 1541 y luego continuó hacia el sur. Lautaro, líder mapuche o araucano, se interpuso con una emboscada en la que murió Valdivia. El episodio inició una guerra que supuso una de los mayores fracasos ibéricos en el Nuevo Mundo. Los araucanos fueron sometidos recién en 1883 por el ejército nacional.

La Logia Lautaro, grupo secreto creado en 1812 por José de San Martín y otros que se proponían independizar el Cono Sur, fue bautizada con ese nombre en honor al héroe mapuche. La batalla de Chacabuco permitió en 1817 a San Martín, con ayuda del local Bernardo O’Higgins, expulsar a los españoles de Chile, que se declaró libre y más tarde se convirtió en una república democrática.

Durante la llamada Guerra del Pacífico, entre 1879 y 1883, Chile se expandió hacia el norte apropiándose de numerosos puertos bolivianos y peruanos. Como consecuencia, Bolivia perdió la salida al mar. El conflicto provocó decenas de miles de muertos y aún más heridos y desplazados, la enorme mayoría entre los vencidos.

La geografía chilena actual incluye tres áreas: la continental, franja delgada que corre entre la Cordillera de los Andes y el Océano Pacifico en el extremo suroeste de América; la insular, constituida por la isla de Pascua y otras más pequeñas; y la antártica, cuya soberanía está en proceso.

Chile es el país sísimicamente más activo del mundo, después de Japón. Además, tiene la mayor y más activa cadena volcánica del planeta, después de Tailandia.

“Con el paso que vamos a dar rompemos la dependencia económica”, dijo el presidente Salvador Allende en 1971 al anunciar la nacionalización del cobre. “Seremos nosotros los dueños de nuestro propio futuro, soberanos de verdad de nuestro destino”.

El metal rojizo, del que Chile es la mayor cantera del mundo, había sido explotado hasta entonces por empresas estadounidenses. La Casa Blanca respondió con un boicot que fue crítico para el país. Sumado a otros factores, le costó el gobierno y la vida a Allende. El mandatario, que había sugerido reiteradamente su voluntad de morir antes que aceptar ser echado por la fuerza, se quitó la vida en 1973 en el Palacio de La Moneda, sede del poder ejecutivo, después de que el edificio fuera bombardeado por los escuadrones golpistas del general Pinochet.

Desde entonces, apoyado en la exportación de cobre, por lejos su principal fuente de recursos, Chile progresó hasta convertirse en una de las naciones latinoamericanas más desarrolladas. Su esperanza de vida al nacer, de 82 años, lo ubica al tope del continente.

“Pedimos perdón en primer lugar a las víctimas y sobrevivientes”, dijo Santiago Silva, presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, en agosto ante la prensa, haciéndose eco del papa Francisco. “Queremos reconocer humildemente que hemos fallado a nuestro deber de pastores al no escuchar, creer, atender o acompañar a las víctimas de graves pecados e injusticias cometidas por sacerdotes y religiosos; a veces no reaccionamos a tiempo ante los dolorosos abusos sexuales, de poder y de autoridad”.

“Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar”, insistió el Papa días después, dirigiéndose a las víctimas de todo el orbe; “que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas; hemos descuidado y abandonado a los pequeños”.

“Toda la naturaleza es un anhelo de servicio”, dice un poema de Gabriela Mistral, Nobel de Literatura chilena; “sirve la nube, sirve el aire, sirve el surco; / donde haya un árbol que plantar, plántalo tú; / donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; / donde haya un esfuerzo que todos esquiven, acéptalo tú; / sé el que aparte la estorbosa piedra del camino, / sé el que aparte el odio entre los corazones y las dificultades del problema”.

“Queda prohibido llorar sin aprender”, escribió Pablo Neruda, también chileno y ganador del Nobel; “levantarte un día sin saber qué hacer, / tener miedo a tus recuerdos; / queda prohibido no sonreír a los problemas, / no luchar por lo que quieres, / abandonarlo todo por miedo, / no convertir en realidad tus sueños”.

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