Así es el hambre del ajuste en Grecia

Así es el hambre del ajuste en Grecia

Los desmanejos económicos y financieros del país (que reverberan en las conciencias de los habitantes de países como la Argentina) lo empujaron a una era de recortes de gastos y austeridad que hundieron a gran parte de su población en un mar de necesidades.

Un estudio publicado por el centro de estudios Transnational Institute y FIAN International pone al descubierto el impacto de las medidas de austeridad en Grecia, especialmente en la nutrición de su población.

El trabajo reaviva las imágenes dolorosas que conmocionaron a ese país, como cuando en 2011 un adolescente se desmayó en plena clase como consecuencia del hambre, luego de dos días sin haber probado bocado alguno.

La investigación revela datos preocupantes, de acuerdo a lo publicado por el diario El País:

Los masivos recortes aceptados por Atenas como contrapartida a los tres rescates financieros supusieron “una violación del derecho a la alimentación”. Y señalan a dos grandes culpables: la troika, a la que acusa de ejercer una presión insoportable para sacar adelante ajustes draconianos, y el propio Ejecutivo griego, por quebrar su resistencia inicial y acabar aceptándolos.

La investigación también advierte sobre el encarecimiento de la comida:

Durante la crisis griega, el aumento de los precios de los alimentos, gravados con impuestos cada vez más altos, se produjo a un ritmo mayor que en la eurozona, y vino acompañada de una caída de los ingresos que ha obligado a las familias a dedicar una porción más elevada de su presupuesto a comprar comida: los alimentos pasaron de suponer el 16,4% del gasto en 2008 al 20,7% ocho años después.

Las consecuencias de esta suba de los alimentos fue más que preocupante:

Ese aumento no comportó una cesta de la compra más completa. Todo lo contrario. El número de hogares sin recursos para consumir carne, pollo o pescado cada dos días se dobló del 7% al 14% entre 2008 y 2016.

El informe constata un cambio de hábitos según el cual el precio pasó a ser el principal baremo para consumir. El reino de los productos más baratos.

Este preocupante cuadro social se vio agravado por medidas de austeridad de alto y profundo impacto:

Y detrás de esa necesidad imperiosa de ahorro sitúa medidas de austeridad severas como la rebaja del salario mínimo y las pensiones, o la subida de los impuestos al consumo. Juntos engendraron la tormenta perfecta. “La amplia gama de medidas regresivas tomadas, combinadas con un coste de la vida en aumento son prueba suficiente de que se violó el derecho a la alimentación en Grecia”, concluyen los investigadores.

En medio de esta tempestad social, el informe también remarca una derrota en las políticas sociales:

Las medidas sociales del Gobierno griego, tales como subsidios, cheques de comida o bonos eléctricos, fallaron en su objetivo de tender una red de seguridad, especialmente en las áreas rurales. Ello propició que fundaciones privadas, organizaciones benéficas y la Iglesia llenaran ese vacío del Estado a través de bancos de alimentos, comedores de beneficiencia o tiendas para personas de bajos ingresos.

Un precio social (demasiado) alto para “sanear” al país

Tal como señala el diario El País, “Grecia cumplió con las demandas de la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, pero para llegar a la meta ha tenido que pagar un coste social y humano en forma de recortes en sanidad y educación, desempleo y fuga de cerebros”.

Y concluye:

Los 22 trimestres consecutivos de crecimiento de la economía europea, y un escenario político más complejo dentro y fuera de la UE debido al creciente poder de los populistas Orban, Salvini, Trump o Bolsonaro, ha desviado la atención de los dirigentes comunitarios. Grecia ha dejado de estar en el candelero. Y los analistas no esperan que lo esté a corto plazo. Pero con una deuda del 180% del PIB y unas exigencias de superávit primario y crecimiento difíciles de cumplir, su vuelta a un primer plano parece cuestión de tiempo. Entretanto, nadie sabe a ciencia cierta qué rencores pueden estar larvándose bajo las cifras que hablan de precariedad e inseguridad alimentaria.

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